Llevaba tiempo sin inspiración. Llevaba mucho tiempo sin ganas de contar, sin poco que decir; ahora todo es nuevo, mi mundo se ha llenado de sensaciones que tenía ganas de volver a experimentar.
La cuestión es que he tenido que irme lejos para abrir las ventanas y ventilar mi interior, como si hubiera sido la Bella Durmiente que acaba de despertar.
He tardado tiempo en darme cuenta que estaba presionándome a mi misma por todo. Deseo un mundo que quizás no esté al alcance de mi mano, pero no por ello voy a dejar de intentarlo. Y he descubierto que para alcanzarlo no tengo que dejar cosas atrás, que no debo negarme a vivir la vida que me corresponde con todos sus actos y consecuencias.
Quiero creer que estoy cambiando para bien y que todo lo que haga en estos meses luego no me pese, ni acabe arrepintiéndome.
Es hora de volar hacia un nuevo amanecer...
sábado, 28 de diciembre de 2013
miércoles, 29 de mayo de 2013
Silencio
Estoy luchando por mi futuro, aunque una neblina espesa no me deja avanzar de vez en cuando.
He desactivado toda célula creativa, es hora de centrarme en otras cosas por un tiempo que me parece eterno.
En un instante imprevisto volveré a renacer, pero todavía es muy pronto.
Así que ahora callo, espero, trabajo, reacciono, suspiro, me duermo, despierto y... exhalo mi último aliento de libertad.
Me quedo encadenada a la pata de una mesa en un rincón de la biblioteca. Mañana empiezo otro examen de los muchos pasados en la vida.
Exhalación.
He desactivado toda célula creativa, es hora de centrarme en otras cosas por un tiempo que me parece eterno.
En un instante imprevisto volveré a renacer, pero todavía es muy pronto.
Así que ahora callo, espero, trabajo, reacciono, suspiro, me duermo, despierto y... exhalo mi último aliento de libertad.
Me quedo encadenada a la pata de una mesa en un rincón de la biblioteca. Mañana empiezo otro examen de los muchos pasados en la vida.
Exhalación.
viernes, 12 de abril de 2013
El placer de leer en secreto bajo las sábanas
Últimamente y no debería haberlo, leo demasiado porque me atrapan las lineas de una narración sin fin.
Tengo que estudiar, tengo que trabajar, tengo que dormir... pero no puedo, en mi mesa de estudio está ese libro esperándome; noto como grita que lo abra para navegar entre sus letras, palabras inconexas que inundan mi mente de imágenes incorpóreas.
Hay que poner un límite, lo sé y sé que no es malo,pero hay un punto que no debería sobrepasar.
Hoy leeré, limitaré el tiempo lo prometo y haré todo lo que tengo que hacer para ordenar el caos de mi vida. Prometo no caer en la tentación y saborear la manzana prohibida, pero es tan fácil caer.
Exhalación.
Tengo que estudiar, tengo que trabajar, tengo que dormir... pero no puedo, en mi mesa de estudio está ese libro esperándome; noto como grita que lo abra para navegar entre sus letras, palabras inconexas que inundan mi mente de imágenes incorpóreas.
Hay que poner un límite, lo sé y sé que no es malo,pero hay un punto que no debería sobrepasar.
Hoy leeré, limitaré el tiempo lo prometo y haré todo lo que tengo que hacer para ordenar el caos de mi vida. Prometo no caer en la tentación y saborear la manzana prohibida, pero es tan fácil caer.
Exhalación.
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| Fotografía original de Exhalación. |
domingo, 7 de abril de 2013
Músicos...
Se despertó con el regusto en la boca de un sueño inacabado. Se giró sobre si misma, extendiendo el brazo y notó que la inmensa cama en la que reposaba le faltaba otro durmiente que ya no estaba.
Agudizó el oído y ahí estaba ese sonido de fondo que se había hecho común todos los amaneceres. El piano de semicola del salón estaba sonando, emitiendo una melodía frustrada y lúgubre.
Estaba cansada de siempre despertar sola, de mirar el salón y ver a un hombre vacío buscando inspiración en cualquier cosa que se lo proporcionara. Parecía que la música estaba silenciado la viva llama que una vez vio en él, pero ahora... ahora todo era diferente. Día tras día su mirada ausente la observaba buscando algo a lo que agarrarse fuerte que le llenara de ideas, sin embargo no lo encontraba y la culpaba por no ser la musa que le hizo componer la más bella pieza que nunca pudo imaginar. Pero no, no era ella la que había cambiado, sino él y su obsesión por alcanzar la perfección.
Se levantó de la cama y se duchó, pasó delante de él y ni la sintió. Recogió sus cosas, pues se iba a marchar "como lo tenía que haber hecho hace mucho tiempo" se repetía con pesar, ya que temía dejarlo solo.
Aun así cogió su maleta y la dejó en la puerta de salida. Él solo había desviado un poco la vista, como si fuese algo normal el sonido de las ruedas de la maleta contra el parquet. Cuando volvió a alzar la mirada de las teclas del piano y ya vio plantada allí frente a él con su guitarra algo débil se removió en su interior.
Ya solo había una manera de hablar con él y era con la música. Empezó a tocar y a cantar como nunca lo había hecho frente a él, pues a pesar del tiempo que llevaban juntos nunca la había escuchado. Sería la última y primera canción que versaría sobre él, del tiempo que estuvieron juntos y la distancia que los separaba. No había rencor, ni malicia en todas esas palabras, solo melancolía por el pasado.
Cuando terminó dejó la guitarra en su sitio y miró al hombre que tantas veces había despertado junto a ella y tantas otras había sentido su ausencia.
No le besó en la mejilla, ni le tocó. Solo cogió la maleta y se marchó.
Exhalación.
Agudizó el oído y ahí estaba ese sonido de fondo que se había hecho común todos los amaneceres. El piano de semicola del salón estaba sonando, emitiendo una melodía frustrada y lúgubre.
Estaba cansada de siempre despertar sola, de mirar el salón y ver a un hombre vacío buscando inspiración en cualquier cosa que se lo proporcionara. Parecía que la música estaba silenciado la viva llama que una vez vio en él, pero ahora... ahora todo era diferente. Día tras día su mirada ausente la observaba buscando algo a lo que agarrarse fuerte que le llenara de ideas, sin embargo no lo encontraba y la culpaba por no ser la musa que le hizo componer la más bella pieza que nunca pudo imaginar. Pero no, no era ella la que había cambiado, sino él y su obsesión por alcanzar la perfección.
Se levantó de la cama y se duchó, pasó delante de él y ni la sintió. Recogió sus cosas, pues se iba a marchar "como lo tenía que haber hecho hace mucho tiempo" se repetía con pesar, ya que temía dejarlo solo.
Aun así cogió su maleta y la dejó en la puerta de salida. Él solo había desviado un poco la vista, como si fuese algo normal el sonido de las ruedas de la maleta contra el parquet. Cuando volvió a alzar la mirada de las teclas del piano y ya vio plantada allí frente a él con su guitarra algo débil se removió en su interior.
Ya solo había una manera de hablar con él y era con la música. Empezó a tocar y a cantar como nunca lo había hecho frente a él, pues a pesar del tiempo que llevaban juntos nunca la había escuchado. Sería la última y primera canción que versaría sobre él, del tiempo que estuvieron juntos y la distancia que los separaba. No había rencor, ni malicia en todas esas palabras, solo melancolía por el pasado.
Cuando terminó dejó la guitarra en su sitio y miró al hombre que tantas veces había despertado junto a ella y tantas otras había sentido su ausencia.
No le besó en la mejilla, ni le tocó. Solo cogió la maleta y se marchó.
Exhalación.
domingo, 31 de marzo de 2013
A solas con todo el mundo
La carne cubre el hueso
y dentro le ponen
un cerebro y
a veces un alma,
y las mujeres arrojan
jarrones contra las paredes
y los hombres beben
demasiado
y nadie encuentra al
otro
pero siguen
buscando
de cama
en cama.
La carne cubre
el hueso y la
carne busca
algo más que
carne.
No hay ninguna
posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.
Nadie encuentra jamás
al otro.
Los tugurios se llenan
los vertederos se llenan
los manicomios se llenan
los hospitales se llenan
las tumbas se llenan
nada más
se llena.
Charles Bukowski
lunes, 18 de marzo de 2013
Valquiria.
Junto al viento gélido de la noche, los copos de nieve acariciaban su piel. Era un ser de estremecedora pureza y delicada fortaleza ; temida y deseada por cualquier hombre que morara en el planeta .
Con mirada implacable, deambulaba por la tierra en busca de almas a las que salvar. A pesar de caminar solitaria, de observar a la humanidad desde la lejanía no sentía la opresión del vacío en el pecho, ni la soledad de la no compañía Ella solo estaba allí para cumplir su misión.
Miles de historias y leyendas habían versado sobre ella a lo largo de los tiempo, pero ¿Alguien había sentido realmente su presencia? Muchos dijeron verla, haberla amado y ella haber desaparecido. Otros que sus cabellos rozaron sus mejillas mientras les daba un beso de esperanza.
Pero era cierto, existía y demasiado a menudo se encontraba frente a frente con la muerte, una fina linea les unía, de alguna manera una se pertenecía a la otra, pues ella era la única que podía calmar a aquellos que debían cruzar las puertas de la vida, les hacía alcanzar la paz y guiarles por el buen camino.
Pero llegó un tiempo en que el horizonte se oscureció, presagiando nada bueno, y una guerra llegó, devastando todo lo que estaba a su alcance.
Ver como se teñía cada partícula de naturaleza con el rojo del odio y el rencor, y tener que guiar hacia el paraíso a seres crueles la devoraba por dentro, pero era lo que tenía que hacer. Su sino en este mundo era ese y así hasta la eternidad. Las guerras había cambiado, cada vez más sangrientas y los hombres de duro corazón más feroces y crueles, y sus armas más destructivas. Cada vez más vidas se iban sin remedio, bañadas en dolor y maldad, ¿Dónde estaba el limite?.
A finales de una primavera silenciosa, ella caminaba dejando a su paso huellas en la negra nevada que caía desde el cielo tras la explosión de una bomba. Lentamente se iba acercando al último verdadero guerrero que había visto en mucho tiempo.
Allí estaba él enredado en una lucha de dolor, intentando seguir, pero la llama de la vida iba perdiendo intensidad en su interior. Cuando el último aliento ya se escapaba de su boca la vio llegar majestuosa . Ella sabia que si hacía lo que pensaba hacer todo para ella estaría perdido pero estaba demasiado exhausta. Se arrodilló a su lado, acariciándole la cara. El hombre creyendo que era una alucinación se dejó llevar; fue entonces cuando sus labios se juntaron pasándole ella su aliento de vida.
Desde ese día nadie la vio, ni la notó, ni la amó, ni nada. Había roto la regla de las Valquirias y su condena era desaparecer sin dejar rastro.
Pero dicen que la han vuelto a ver...
Exhalación
Con mirada implacable, deambulaba por la tierra en busca de almas a las que salvar. A pesar de caminar solitaria, de observar a la humanidad desde la lejanía no sentía la opresión del vacío en el pecho, ni la soledad de la no compañía Ella solo estaba allí para cumplir su misión.
Miles de historias y leyendas habían versado sobre ella a lo largo de los tiempo, pero ¿Alguien había sentido realmente su presencia? Muchos dijeron verla, haberla amado y ella haber desaparecido. Otros que sus cabellos rozaron sus mejillas mientras les daba un beso de esperanza.
Pero era cierto, existía y demasiado a menudo se encontraba frente a frente con la muerte, una fina linea les unía, de alguna manera una se pertenecía a la otra, pues ella era la única que podía calmar a aquellos que debían cruzar las puertas de la vida, les hacía alcanzar la paz y guiarles por el buen camino.
Pero llegó un tiempo en que el horizonte se oscureció, presagiando nada bueno, y una guerra llegó, devastando todo lo que estaba a su alcance.
Ver como se teñía cada partícula de naturaleza con el rojo del odio y el rencor, y tener que guiar hacia el paraíso a seres crueles la devoraba por dentro, pero era lo que tenía que hacer. Su sino en este mundo era ese y así hasta la eternidad. Las guerras había cambiado, cada vez más sangrientas y los hombres de duro corazón más feroces y crueles, y sus armas más destructivas. Cada vez más vidas se iban sin remedio, bañadas en dolor y maldad, ¿Dónde estaba el limite?.
A finales de una primavera silenciosa, ella caminaba dejando a su paso huellas en la negra nevada que caía desde el cielo tras la explosión de una bomba. Lentamente se iba acercando al último verdadero guerrero que había visto en mucho tiempo.
Allí estaba él enredado en una lucha de dolor, intentando seguir, pero la llama de la vida iba perdiendo intensidad en su interior. Cuando el último aliento ya se escapaba de su boca la vio llegar majestuosa . Ella sabia que si hacía lo que pensaba hacer todo para ella estaría perdido pero estaba demasiado exhausta. Se arrodilló a su lado, acariciándole la cara. El hombre creyendo que era una alucinación se dejó llevar; fue entonces cuando sus labios se juntaron pasándole ella su aliento de vida.
Desde ese día nadie la vio, ni la notó, ni la amó, ni nada. Había roto la regla de las Valquirias y su condena era desaparecer sin dejar rastro.
Pero dicen que la han vuelto a ver...
Exhalación
lunes, 4 de marzo de 2013
El país de los almendros este año se desnudó antes de tiempo...
... pero nos queda el recuerdo de cuando se vestía de gala.
El tiempo ha pegado con fuerza, los ataques furibundos del viento han arrastrado la magia de su esencia.
Las nueves la han rozado, envidiando su blancura se lo ha despojado.
Ya nada ha quedado tras su paso, ha sido arrancada su belleza breve y prematura.
Hará que esperar, aunque para ello el tiempo sea eterno.
Exhalación.
miércoles, 20 de febrero de 2013
L'amant
Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo, nunca lo he preguntado. Creo que me han hablado de ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al transponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida. Ese envejecimiento fue brutal. Vi cómo se apoderaba de mis rasgos uno a uno, cómo cambiaba la relación que existía entre ellos, cómo agrandaba los ojos, cómo hacía la mirada más triste, la boca más definitiva (...)
L'amant, Marguerite Duras
lunes, 18 de febrero de 2013
Viaje Madrid-Salamanca
En un sueño poco profundo, de vagones interminables y sonidos estridentes; mis ojos caían plomizos a cada pestalleo. El tren me acunaba con su leve balanceo y su rítmico traqueteo, como de una cuna se tratase relajando mis sentidos, arropándome en manto de luna.
Caía en la inconsciencia más profunda, pero pequeños asaltos me hacía surgir a la superficie para luego hundirme cada vez más hondo.
En medio de una infinita confusión, imágenes se sucedían a velocidad vertiginosa. ¿Era el paisaje tras la ventana del vagón? No, imposible. Nada de lo que veía se correspondía con la realidad, parecía que me quisieran devorar desfilando ante mi más y más deprisa. ¿Eran partes de mi vida, o enajenación transitoria? Estaba claro carecía de cierto sentido todo lo que estaba viendo y de una cierta manera me estremecía de miedo.
En un instante todo se paró en seco, y unas robustas manos atravesaron el cristal, agarrándome por los hombros y llevándome con ellas. A pesar de la pesadez que nublaba mi mente podía verle la cara.
No podía creérmelo, él volvía a aparecer frente a mi. Pero cuando quise abrazarlo lo atravesé, solo era bruma, una bruma con su forma y a pesar de yo no poder tocarlo, sentía su contacto en mi piel.
Volvió a agarrarme de los hombros, pero esta vez para sacudirme con violencia. No conseguía gritar que parase, daba manotazos intentando pararlo, sin embargo no servía para nada, seguía atravesándolo.
Abrí los ojos de repente, la luz artificial se clavó como agujas en la cuenca de mis ojos. Cuando todo mi ser volvió al mundo real observé como el revisor me miraba. Vale, ya sabia quien me había zarandeado.
Le entregué el billete, lo miró y siguió su camino.
Quedaba menos de una hora de viaje, más me valía no volverme a dormir. Dicho y no hecho, volví a caer a las profundidades de un espeso sueño que parecía nunca acabar.
Exhalación
Caía en la inconsciencia más profunda, pero pequeños asaltos me hacía surgir a la superficie para luego hundirme cada vez más hondo.
En medio de una infinita confusión, imágenes se sucedían a velocidad vertiginosa. ¿Era el paisaje tras la ventana del vagón? No, imposible. Nada de lo que veía se correspondía con la realidad, parecía que me quisieran devorar desfilando ante mi más y más deprisa. ¿Eran partes de mi vida, o enajenación transitoria? Estaba claro carecía de cierto sentido todo lo que estaba viendo y de una cierta manera me estremecía de miedo.
En un instante todo se paró en seco, y unas robustas manos atravesaron el cristal, agarrándome por los hombros y llevándome con ellas. A pesar de la pesadez que nublaba mi mente podía verle la cara.
No podía creérmelo, él volvía a aparecer frente a mi. Pero cuando quise abrazarlo lo atravesé, solo era bruma, una bruma con su forma y a pesar de yo no poder tocarlo, sentía su contacto en mi piel.
Volvió a agarrarme de los hombros, pero esta vez para sacudirme con violencia. No conseguía gritar que parase, daba manotazos intentando pararlo, sin embargo no servía para nada, seguía atravesándolo.
Abrí los ojos de repente, la luz artificial se clavó como agujas en la cuenca de mis ojos. Cuando todo mi ser volvió al mundo real observé como el revisor me miraba. Vale, ya sabia quien me había zarandeado.
Le entregué el billete, lo miró y siguió su camino.
Quedaba menos de una hora de viaje, más me valía no volverme a dormir. Dicho y no hecho, volví a caer a las profundidades de un espeso sueño que parecía nunca acabar.
Exhalación
domingo, 10 de febrero de 2013
Mil horas en una cama vacía.
He decidido echarme en la cama y dormir por días si es posible. Necesito un poco de paz, que mi cabeza pare de trabajar un poco.
El día se me vuelve eterno y espeso, la noche fugaz y solitaria. La soledad se arraiga en mi pecho y solo tengo que resignarme a su compañía.
Cuando decido marcharme para empezar una nueva vida algo me detiene. Mis pies parecen haber echado raíces y no quieren moverse a suelo desconocido. Pero el ahora, lo conocido me tiene ahogada y acabar con todo parece la mejor solución.
Y nada cambia, todo sigue monótonamente. No hay amor, quizás me he obcecado demasiado y por ello todo lo que he encontrado me ha hecho daño, o quizás por el hecho de poseer demasiados secretos he llegado a alejar a quien conseguí querer. Pero aun así me he acostumbrado, ya no anhelo abrazos a medianoche, ni revolcones al amanecer.
La vida es así, a unos les toca mucho y a otros pocos. Ahora es el momento de desactivar y acabar con la batalla mental. Una sobredosis de sueño y cuando despierte ya se verá, pero primero cerrar los ojos y ...
Exhalación
El día se me vuelve eterno y espeso, la noche fugaz y solitaria. La soledad se arraiga en mi pecho y solo tengo que resignarme a su compañía.
Cuando decido marcharme para empezar una nueva vida algo me detiene. Mis pies parecen haber echado raíces y no quieren moverse a suelo desconocido. Pero el ahora, lo conocido me tiene ahogada y acabar con todo parece la mejor solución.
Y nada cambia, todo sigue monótonamente. No hay amor, quizás me he obcecado demasiado y por ello todo lo que he encontrado me ha hecho daño, o quizás por el hecho de poseer demasiados secretos he llegado a alejar a quien conseguí querer. Pero aun así me he acostumbrado, ya no anhelo abrazos a medianoche, ni revolcones al amanecer.
La vida es así, a unos les toca mucho y a otros pocos. Ahora es el momento de desactivar y acabar con la batalla mental. Una sobredosis de sueño y cuando despierte ya se verá, pero primero cerrar los ojos y ...
Exhalación
viernes, 8 de febrero de 2013
La Fregeneda
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| Fotografía original de Exhalación |
De sinuosa figura, redondeada y lisa, modelada por la violencia del tiempo.
Su cabello ondea al viento, cambiante como el cielo. Rubio veraniego con los últimos rayos ardientes del sol poniente,de tonos esmeraldas con los primeros nubarrones otoñales e invernales y llena de alegría decora de flores cada hebra de sus cabellos al inicio de una primavera prematura.
A veces el fuego la lame ferozmente, intentando devorar su belleza. Es un amante poco conformista, siempre quiere más de ella.
Y a pesar de todo, año tras año sigue siendo ella misma, de noches de estrellas y días gélidos o sofocantes.; llena de contrastes.
Exhalación
jueves, 7 de febrero de 2013
Funerales de invierno.
¿Por qué momentos como estos el cielo es sombrío y lluvioso? ¿Es así como los dioses manifiestan nuestro dolor?
La lluvia recorría su pelo, el empapado vestido blanco goteaba incesantemente y su mirada se perdía en una losa fría y muerta en la que siempre estaría atrapado el cuerpo.
Los labios le hormigueaban, las lágrimas de diluían con la lluvia y el corazón le latía con fuerza. Sentía frío, el viento arrancaba la calidez residual que todavía quedaba en su piel. De alguna manera la vida había cambiado sin dar señales de ello.
Parecía que la gente ignorada su presencia y al pasar junto a ella la atravesaban con la mirada, "¿Quién se le ocurriría ir de blanco un día como ese?" se preguntaba ella.
Pero como siempre no era como los demás. El blanco era un buen color para el luto, pues qué mejor representaba el vacío que deja la ausencia de quien se va para no volver.
Las campanadas empezaron sonar con su eco incesante, rompiendo el silencio. Los asistentes se retiraban silenciosos, ocultando sus miradas con oscuros paraguas, desprendiéndose del olor de la muerte, mientras ella seguía allí plantada observando la losa ya deslizada y el ataud sepultado.
Su propio cuerpo descansaba a tres metros de profundidad, pero no era consciente de ello. Se había agotado su tiempo, pero aun se sentía muy viva. Siguió allí de pie bajo la incesante lluvia, en busca de respuestas sobre como había sucedido todo.
Exhalación
La lluvia recorría su pelo, el empapado vestido blanco goteaba incesantemente y su mirada se perdía en una losa fría y muerta en la que siempre estaría atrapado el cuerpo.
Los labios le hormigueaban, las lágrimas de diluían con la lluvia y el corazón le latía con fuerza. Sentía frío, el viento arrancaba la calidez residual que todavía quedaba en su piel. De alguna manera la vida había cambiado sin dar señales de ello.
Parecía que la gente ignorada su presencia y al pasar junto a ella la atravesaban con la mirada, "¿Quién se le ocurriría ir de blanco un día como ese?" se preguntaba ella.
Pero como siempre no era como los demás. El blanco era un buen color para el luto, pues qué mejor representaba el vacío que deja la ausencia de quien se va para no volver.
Las campanadas empezaron sonar con su eco incesante, rompiendo el silencio. Los asistentes se retiraban silenciosos, ocultando sus miradas con oscuros paraguas, desprendiéndose del olor de la muerte, mientras ella seguía allí plantada observando la losa ya deslizada y el ataud sepultado.
Su propio cuerpo descansaba a tres metros de profundidad, pero no era consciente de ello. Se había agotado su tiempo, pero aun se sentía muy viva. Siguió allí de pie bajo la incesante lluvia, en busca de respuestas sobre como había sucedido todo.
Exhalación
viernes, 1 de febrero de 2013
Renacer...
| Fotografía original de Exhalación |
Hay que despojarse del pasado, de la piel antigua y los pecados adheridos a ella.
Transformarse en uno mismo, desligarse de los patrones de la sociedad que intentan convertirnos en lo que no somos.
Beber y embriagarse de las oportunidades sin temor a la equivocación.
Aprovechar las ganas de vivir y de descubrir el mundo.
Cascarón frágil, cascarón roto, ya puedes salir y volar.
Exhalación
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