En un sueño poco profundo, de vagones interminables y sonidos estridentes; mis ojos caían plomizos a cada pestalleo. El tren me acunaba con su leve balanceo y su rítmico traqueteo, como de una cuna se tratase relajando mis sentidos, arropándome en manto de luna.
Caía en la inconsciencia más profunda, pero pequeños asaltos me hacía surgir a la superficie para luego hundirme cada vez más hondo.
En medio de una infinita confusión, imágenes se sucedían a velocidad vertiginosa. ¿Era el paisaje tras la ventana del vagón? No, imposible. Nada de lo que veía se correspondía con la realidad, parecía que me quisieran devorar desfilando ante mi más y más deprisa. ¿Eran partes de mi vida, o enajenación transitoria? Estaba claro carecía de cierto sentido todo lo que estaba viendo y de una cierta manera me estremecía de miedo.
En un instante todo se paró en seco, y unas robustas manos atravesaron el cristal, agarrándome por los hombros y llevándome con ellas. A pesar de la pesadez que nublaba mi mente podía verle la cara.
No podía creérmelo, él volvía a aparecer frente a mi. Pero cuando quise abrazarlo lo atravesé, solo era bruma, una bruma con su forma y a pesar de yo no poder tocarlo, sentía su contacto en mi piel.
Volvió a agarrarme de los hombros, pero esta vez para sacudirme con violencia. No conseguía gritar que parase, daba manotazos intentando pararlo, sin embargo no servía para nada, seguía atravesándolo.
Abrí los ojos de repente, la luz artificial se clavó como agujas en la cuenca de mis ojos. Cuando todo mi ser volvió al mundo real observé como el revisor me miraba. Vale, ya sabia quien me había zarandeado.
Le entregué el billete, lo miró y siguió su camino.
Quedaba menos de una hora de viaje, más me valía no volverme a dormir. Dicho y no hecho, volví a caer a las profundidades de un espeso sueño que parecía nunca acabar.
Exhalación
No hay comentarios:
Publicar un comentario