jueves, 7 de febrero de 2013

Funerales de invierno.

¿Por qué momentos como estos el cielo es sombrío y lluvioso? ¿Es así como los dioses manifiestan  nuestro dolor?
La lluvia recorría su pelo, el empapado vestido blanco goteaba incesantemente y su mirada se perdía en una losa fría y muerta en la que siempre estaría atrapado el cuerpo.
Los labios le hormigueaban, las lágrimas de diluían con la lluvia y el corazón le latía con fuerza. Sentía frío, el viento arrancaba la calidez residual que todavía quedaba en su piel. De alguna manera la vida había cambiado sin dar señales de ello.

Parecía que la gente ignorada su presencia y al pasar junto a ella la atravesaban con la mirada, "¿Quién se le ocurriría ir de blanco un día como ese?" se preguntaba ella.
Pero como siempre no era como los demás. El blanco era un buen color para el luto, pues qué mejor representaba el vacío que deja la ausencia de quien se va para no volver.

Las campanadas empezaron sonar con su eco incesante, rompiendo el silencio. Los asistentes se retiraban silenciosos, ocultando sus miradas con oscuros paraguas, desprendiéndose del olor de la muerte, mientras ella seguía allí plantada observando la losa ya deslizada y el ataud sepultado.

Su propio cuerpo descansaba a tres metros de profundidad, pero no era consciente de ello. Se había agotado su tiempo, pero aun se sentía muy viva. Siguió allí de pie bajo la incesante lluvia, en busca de respuestas sobre como había sucedido todo.

Exhalación

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