miércoles, 20 de febrero de 2013
L'amant
Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo, nunca lo he preguntado. Creo que me han hablado de ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al transponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida. Ese envejecimiento fue brutal. Vi cómo se apoderaba de mis rasgos uno a uno, cómo cambiaba la relación que existía entre ellos, cómo agrandaba los ojos, cómo hacía la mirada más triste, la boca más definitiva (...)
L'amant, Marguerite Duras
lunes, 18 de febrero de 2013
Viaje Madrid-Salamanca
En un sueño poco profundo, de vagones interminables y sonidos estridentes; mis ojos caían plomizos a cada pestalleo. El tren me acunaba con su leve balanceo y su rítmico traqueteo, como de una cuna se tratase relajando mis sentidos, arropándome en manto de luna.
Caía en la inconsciencia más profunda, pero pequeños asaltos me hacía surgir a la superficie para luego hundirme cada vez más hondo.
En medio de una infinita confusión, imágenes se sucedían a velocidad vertiginosa. ¿Era el paisaje tras la ventana del vagón? No, imposible. Nada de lo que veía se correspondía con la realidad, parecía que me quisieran devorar desfilando ante mi más y más deprisa. ¿Eran partes de mi vida, o enajenación transitoria? Estaba claro carecía de cierto sentido todo lo que estaba viendo y de una cierta manera me estremecía de miedo.
En un instante todo se paró en seco, y unas robustas manos atravesaron el cristal, agarrándome por los hombros y llevándome con ellas. A pesar de la pesadez que nublaba mi mente podía verle la cara.
No podía creérmelo, él volvía a aparecer frente a mi. Pero cuando quise abrazarlo lo atravesé, solo era bruma, una bruma con su forma y a pesar de yo no poder tocarlo, sentía su contacto en mi piel.
Volvió a agarrarme de los hombros, pero esta vez para sacudirme con violencia. No conseguía gritar que parase, daba manotazos intentando pararlo, sin embargo no servía para nada, seguía atravesándolo.
Abrí los ojos de repente, la luz artificial se clavó como agujas en la cuenca de mis ojos. Cuando todo mi ser volvió al mundo real observé como el revisor me miraba. Vale, ya sabia quien me había zarandeado.
Le entregué el billete, lo miró y siguió su camino.
Quedaba menos de una hora de viaje, más me valía no volverme a dormir. Dicho y no hecho, volví a caer a las profundidades de un espeso sueño que parecía nunca acabar.
Exhalación
Caía en la inconsciencia más profunda, pero pequeños asaltos me hacía surgir a la superficie para luego hundirme cada vez más hondo.
En medio de una infinita confusión, imágenes se sucedían a velocidad vertiginosa. ¿Era el paisaje tras la ventana del vagón? No, imposible. Nada de lo que veía se correspondía con la realidad, parecía que me quisieran devorar desfilando ante mi más y más deprisa. ¿Eran partes de mi vida, o enajenación transitoria? Estaba claro carecía de cierto sentido todo lo que estaba viendo y de una cierta manera me estremecía de miedo.
En un instante todo se paró en seco, y unas robustas manos atravesaron el cristal, agarrándome por los hombros y llevándome con ellas. A pesar de la pesadez que nublaba mi mente podía verle la cara.
No podía creérmelo, él volvía a aparecer frente a mi. Pero cuando quise abrazarlo lo atravesé, solo era bruma, una bruma con su forma y a pesar de yo no poder tocarlo, sentía su contacto en mi piel.
Volvió a agarrarme de los hombros, pero esta vez para sacudirme con violencia. No conseguía gritar que parase, daba manotazos intentando pararlo, sin embargo no servía para nada, seguía atravesándolo.
Abrí los ojos de repente, la luz artificial se clavó como agujas en la cuenca de mis ojos. Cuando todo mi ser volvió al mundo real observé como el revisor me miraba. Vale, ya sabia quien me había zarandeado.
Le entregué el billete, lo miró y siguió su camino.
Quedaba menos de una hora de viaje, más me valía no volverme a dormir. Dicho y no hecho, volví a caer a las profundidades de un espeso sueño que parecía nunca acabar.
Exhalación
domingo, 10 de febrero de 2013
Mil horas en una cama vacía.
He decidido echarme en la cama y dormir por días si es posible. Necesito un poco de paz, que mi cabeza pare de trabajar un poco.
El día se me vuelve eterno y espeso, la noche fugaz y solitaria. La soledad se arraiga en mi pecho y solo tengo que resignarme a su compañía.
Cuando decido marcharme para empezar una nueva vida algo me detiene. Mis pies parecen haber echado raíces y no quieren moverse a suelo desconocido. Pero el ahora, lo conocido me tiene ahogada y acabar con todo parece la mejor solución.
Y nada cambia, todo sigue monótonamente. No hay amor, quizás me he obcecado demasiado y por ello todo lo que he encontrado me ha hecho daño, o quizás por el hecho de poseer demasiados secretos he llegado a alejar a quien conseguí querer. Pero aun así me he acostumbrado, ya no anhelo abrazos a medianoche, ni revolcones al amanecer.
La vida es así, a unos les toca mucho y a otros pocos. Ahora es el momento de desactivar y acabar con la batalla mental. Una sobredosis de sueño y cuando despierte ya se verá, pero primero cerrar los ojos y ...
Exhalación
El día se me vuelve eterno y espeso, la noche fugaz y solitaria. La soledad se arraiga en mi pecho y solo tengo que resignarme a su compañía.
Cuando decido marcharme para empezar una nueva vida algo me detiene. Mis pies parecen haber echado raíces y no quieren moverse a suelo desconocido. Pero el ahora, lo conocido me tiene ahogada y acabar con todo parece la mejor solución.
Y nada cambia, todo sigue monótonamente. No hay amor, quizás me he obcecado demasiado y por ello todo lo que he encontrado me ha hecho daño, o quizás por el hecho de poseer demasiados secretos he llegado a alejar a quien conseguí querer. Pero aun así me he acostumbrado, ya no anhelo abrazos a medianoche, ni revolcones al amanecer.
La vida es así, a unos les toca mucho y a otros pocos. Ahora es el momento de desactivar y acabar con la batalla mental. Una sobredosis de sueño y cuando despierte ya se verá, pero primero cerrar los ojos y ...
Exhalación
viernes, 8 de febrero de 2013
La Fregeneda
![]() |
| Fotografía original de Exhalación |
De sinuosa figura, redondeada y lisa, modelada por la violencia del tiempo.
Su cabello ondea al viento, cambiante como el cielo. Rubio veraniego con los últimos rayos ardientes del sol poniente,de tonos esmeraldas con los primeros nubarrones otoñales e invernales y llena de alegría decora de flores cada hebra de sus cabellos al inicio de una primavera prematura.
A veces el fuego la lame ferozmente, intentando devorar su belleza. Es un amante poco conformista, siempre quiere más de ella.
Y a pesar de todo, año tras año sigue siendo ella misma, de noches de estrellas y días gélidos o sofocantes.; llena de contrastes.
Exhalación
jueves, 7 de febrero de 2013
Funerales de invierno.
¿Por qué momentos como estos el cielo es sombrío y lluvioso? ¿Es así como los dioses manifiestan nuestro dolor?
La lluvia recorría su pelo, el empapado vestido blanco goteaba incesantemente y su mirada se perdía en una losa fría y muerta en la que siempre estaría atrapado el cuerpo.
Los labios le hormigueaban, las lágrimas de diluían con la lluvia y el corazón le latía con fuerza. Sentía frío, el viento arrancaba la calidez residual que todavía quedaba en su piel. De alguna manera la vida había cambiado sin dar señales de ello.
Parecía que la gente ignorada su presencia y al pasar junto a ella la atravesaban con la mirada, "¿Quién se le ocurriría ir de blanco un día como ese?" se preguntaba ella.
Pero como siempre no era como los demás. El blanco era un buen color para el luto, pues qué mejor representaba el vacío que deja la ausencia de quien se va para no volver.
Las campanadas empezaron sonar con su eco incesante, rompiendo el silencio. Los asistentes se retiraban silenciosos, ocultando sus miradas con oscuros paraguas, desprendiéndose del olor de la muerte, mientras ella seguía allí plantada observando la losa ya deslizada y el ataud sepultado.
Su propio cuerpo descansaba a tres metros de profundidad, pero no era consciente de ello. Se había agotado su tiempo, pero aun se sentía muy viva. Siguió allí de pie bajo la incesante lluvia, en busca de respuestas sobre como había sucedido todo.
Exhalación
La lluvia recorría su pelo, el empapado vestido blanco goteaba incesantemente y su mirada se perdía en una losa fría y muerta en la que siempre estaría atrapado el cuerpo.
Los labios le hormigueaban, las lágrimas de diluían con la lluvia y el corazón le latía con fuerza. Sentía frío, el viento arrancaba la calidez residual que todavía quedaba en su piel. De alguna manera la vida había cambiado sin dar señales de ello.
Parecía que la gente ignorada su presencia y al pasar junto a ella la atravesaban con la mirada, "¿Quién se le ocurriría ir de blanco un día como ese?" se preguntaba ella.
Pero como siempre no era como los demás. El blanco era un buen color para el luto, pues qué mejor representaba el vacío que deja la ausencia de quien se va para no volver.
Las campanadas empezaron sonar con su eco incesante, rompiendo el silencio. Los asistentes se retiraban silenciosos, ocultando sus miradas con oscuros paraguas, desprendiéndose del olor de la muerte, mientras ella seguía allí plantada observando la losa ya deslizada y el ataud sepultado.
Su propio cuerpo descansaba a tres metros de profundidad, pero no era consciente de ello. Se había agotado su tiempo, pero aun se sentía muy viva. Siguió allí de pie bajo la incesante lluvia, en busca de respuestas sobre como había sucedido todo.
Exhalación
viernes, 1 de febrero de 2013
Renacer...
| Fotografía original de Exhalación |
Hay que despojarse del pasado, de la piel antigua y los pecados adheridos a ella.
Transformarse en uno mismo, desligarse de los patrones de la sociedad que intentan convertirnos en lo que no somos.
Beber y embriagarse de las oportunidades sin temor a la equivocación.
Aprovechar las ganas de vivir y de descubrir el mundo.
Cascarón frágil, cascarón roto, ya puedes salir y volar.
Exhalación
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