jueves, 20 de diciembre de 2012
domingo, 16 de diciembre de 2012
"Tienes que ser el cambio que quieres ver en el mundo" Mahatma Gandhi
En un rincón muy pequeño y medio a oscuras un niña llora desconsolada. Los fuertes sollozos arremeten contra su cuerpo sin ningún control. Mira las sombras pasar, no la pueden ver está bien escondida.
Llora y llora sin emitir ningún sonido. El silencio la tiene atrapada, al igual que el miedo a hacerse notar, a destacar y que la gente la tenga en el punto de mira. Teme los reproches, los juicios y prejuicios que pueden caer sobre ella. Cree que así está en paz con los demás y consigo misma, que está a salvo y nadie puede hacerle daño.
Pero sigue llorando porque no quiere lo que ve, no desea el rumbo que toman las cosas. Y sin embargo no hace nada, se planta ahí quieta, observando como trascurre todo sin querer ser protagonista en el asunto.
Y como un terremoto, algo sacude su cuerpo. Una chispa, un atisbo de ella misma, tan diferente a como es, esa que tanto ha callado e ignorado, y ahora es más fuerte. La otra ha despertado con voracidad.
Ya no puede pararla, pues alza la voz y grita. Grita mostrando al mundo que sigue viva, con ganas de luchar e intenciones de que no la pisoteen. Es libre y hará lo que le dicte la conciencia, el corazón y la razón .
Exhalacion
Llora y llora sin emitir ningún sonido. El silencio la tiene atrapada, al igual que el miedo a hacerse notar, a destacar y que la gente la tenga en el punto de mira. Teme los reproches, los juicios y prejuicios que pueden caer sobre ella. Cree que así está en paz con los demás y consigo misma, que está a salvo y nadie puede hacerle daño.
Pero sigue llorando porque no quiere lo que ve, no desea el rumbo que toman las cosas. Y sin embargo no hace nada, se planta ahí quieta, observando como trascurre todo sin querer ser protagonista en el asunto.
Y como un terremoto, algo sacude su cuerpo. Una chispa, un atisbo de ella misma, tan diferente a como es, esa que tanto ha callado e ignorado, y ahora es más fuerte. La otra ha despertado con voracidad.
Ya no puede pararla, pues alza la voz y grita. Grita mostrando al mundo que sigue viva, con ganas de luchar e intenciones de que no la pisoteen. Es libre y hará lo que le dicte la conciencia, el corazón y la razón .
Exhalacion
miércoles, 12 de diciembre de 2012
¿Y si yo, ese pájaro que grita libertad, realmente desea seguir cautivo por miedo a volar?
Por favor déjame volar,
aunque vuelva caer
solo necesito esa libertad
para expandir bien mis alas al alba.
Y aunque de la caída mis rodillas se raspen,
necesito elevarme como papelina en aire caliente,
para sentir que puedo seguir
sin amarras, sin dolor.
Por eso quitarme los grilletes,
necesito seguir mi propio destino.
No me condenes a la prisión de lo corpóreo,
déjame volar es lo último que te pido.
Arráncame todo este peso y déjame seguir sola,
pues no aprenderé si sigues a mi lado.
Que las tinieblas me acojan,
yo también las estaba esperando.
Exhalación.
Benjamin Lacombe
Un artista de la ilusración de nuestros cuentos de la infancia y otros: Benjamin Lacombe. Si pudiera me compraría cada uno de sus libros, porque cada cual es más bello.
La niña en Silencio
No articula palabra porque no sabe qué decir. Hay días muy rojos donde los lobos aúllan muy alto y sus mandíbulas se abren sobre ella babeantes, pero también hay días azules llenos de abrazos. Tiene que protegerles, tiene que guardar secretos.
Benjamin Lacombe
La niña en Silencio
No articula palabra porque no sabe qué decir. Hay días muy rojos donde los lobos aúllan muy alto y sus mandíbulas se abren sobre ella babeantes, pero también hay días azules llenos de abrazos. Tiene que protegerles, tiene que guardar secretos.
Benjamin Lacombe
domingo, 9 de diciembre de 2012
En un segundo todo puede cambiar.
Sucedió hace tanto tiempo, que no puede explicarse cómo lo recuerda si apenas tenía cuatro años. Pero lo ha vivido, aunque cuando piensa en ello una niebla espesa nubla lo sucedido ese día. Estaba tan cerca, a tan solo unos 100 metros que es normal que el sonido todavía retumbe en su memoria.
En ese momento ya estaba en casa de sus abuelos que en ese entonces vivían en la misma calle que ella . Su abuelo se disponía a llegar al colegio a su hermana y a ella, cuando el sonido sacudió hasta los cimientos. Su abuelo supo lo que había sucedido, pues la vida enseña lecciones a veces muy amargas. Sacó la cabeza por el balcón cuando todavía volaban trozos de ceniza y metal, para verificar que no era una ilusión. Los gritos de miedo, dolor y sorpresa empezaban a sustituir el caos de la explosión. Ambulancias, policías y curiosos inundaron como un tsumani el escenario. Salamanca había vuelto a ser herida mientras sus cicatrices todavía no había sanado tras el ataque tres años antes.
Ahora parece que la calma se ha establecido y la gente al pasar por esa calle no es consciente de lo pasó allí, pero ella a veces si lo es. Su abuelo ya no está con ella cruzando ese paso de peatones, pero recuerda las palabras de él en ese día tan fatídico: "No hay cole, hoy jugaremos a no salir al balcón"
El 11 de noviembre de 1995 el capitán Juan José Aliste se dirigía a su trabajo a las 8:23 horas, cuando una bomba- lapa colocada en su coche explotó en la puerta de cuadrillas de la plaza de toros de La Glorieta.
Exhalación.
En ese momento ya estaba en casa de sus abuelos que en ese entonces vivían en la misma calle que ella . Su abuelo se disponía a llegar al colegio a su hermana y a ella, cuando el sonido sacudió hasta los cimientos. Su abuelo supo lo que había sucedido, pues la vida enseña lecciones a veces muy amargas. Sacó la cabeza por el balcón cuando todavía volaban trozos de ceniza y metal, para verificar que no era una ilusión. Los gritos de miedo, dolor y sorpresa empezaban a sustituir el caos de la explosión. Ambulancias, policías y curiosos inundaron como un tsumani el escenario. Salamanca había vuelto a ser herida mientras sus cicatrices todavía no había sanado tras el ataque tres años antes.
Ahora parece que la calma se ha establecido y la gente al pasar por esa calle no es consciente de lo pasó allí, pero ella a veces si lo es. Su abuelo ya no está con ella cruzando ese paso de peatones, pero recuerda las palabras de él en ese día tan fatídico: "No hay cole, hoy jugaremos a no salir al balcón"
El 11 de noviembre de 1995 el capitán Juan José Aliste se dirigía a su trabajo a las 8:23 horas, cuando una bomba- lapa colocada en su coche explotó en la puerta de cuadrillas de la plaza de toros de La Glorieta.
Exhalación.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Recuerdo que recordé que recordaba recuerdos...
Todos podréis observar que demasiadas veces escribo de recuerdos y recordar el pasado, pero es el pasado el que nos da la experiencia y nos transforma en lo que somos en el presente. Da igual que sean felices o tristes los recuerdos, me gusta rememorarlos pues cada vez que paseo por ellos aprendo cosas nuevas de lo que una vez viví.
Y quizás sea redundante el tema, pero no soy nada sin recuerdos.
Exhalación
Y quizás sea redundante el tema, pero no soy nada sin recuerdos.
Exhalación
Próxima estación: La Fregeneda.
Ya nada es igual a como lo había conocido su bisabuela.
El paisaje abandonado, la pintura descascarillada, la vegetación enguyéndo los raíles, los maderos podridos... los recuerdos que había leído tantas veces en esa carta no se correspondía con lo que observaba.
Cierra los ojos intentando imaginar el verano de 1898.
España acababa de perder Cuba y Filipinas, las selecciones del 27 de Marzo habían quedado un poco en el olvido y los jóvenes se preparaban para los festejos de los pueblos colindantes.
Una joven de tan solo 17 años esperaba bajo la sombra de su sombrilla de ganchillo blanco. Su vestido también blanco resaltaba entre la multitud que se paraba a mirarla. No era de una belleza despampanante, pero si delicada. Toda en ella era delicada en ese entonces, pero con los años se había marchitado como una flor.
La llegada del tren resonaba en el ambiente, del túnel que comunicaba con la estación salía el humo de la locomotora, como si en esa oscuridad inmensa se hubiera prendido un fuego inexistente.
Ella se alzó sobre las puntas de sus pies excitada ¡Ya llega! Si no fuera una señorita correría hasta el limite del arcén, si no fuera una dama dejaría las formalidades y los prejuicios a un lado y se arrancaría el corset que limita sus respiración acelerada.
Cada vez la locomotora estaba más cerca. Centro de alguno de esos vagones estaba a quien espera con tanta impaciencia, pues esta era la última vez que podían verse sin mentiras ni escusas ya que sus padres le estaban buscando un prometido a la altura de su estatus social.
El tren paró ruidosamente. El gentío se abalanzó hacia los vagones buscando frenéticamente a sus familiares y amigos, pero ella se quedó atrás, no debía llamar demasiado la atención. Y entre la gente alborotada lo vio, su exótico rostro era inconfundible al igual que esa sonrisa que nunca se borraba, pasara lo que pasara. Nahuel era a quien esperaba con tanta impaciencia.
Bajó las escalerillas, poniendo los pies en el arcén con una gracia típica de los ángeles tras descender de los cielos. Se le acercó. Podría haberla abrazado, nadie se habría dado cuenta con todo el caos de idas y venias, pero tan solo posó sus labios en la pálida mano de ella sin desviar el contacto visual. Una formalidad muy común pero que tanto decía.
- Mi querida Isabel, su mera presencia me alegra el corazón, pero su padre...- lo dejó de escuchar. La magia como sucede en la pura realidad acaba pronto, destruyendo la ilusión pasajera.
Se había olvidado que su padre viajaba junto a Nahuel, pero le tranquilizó ver que ese hombre grande, posesivo y elocuente que era su progenitor se alegraba de que su propia hija lo hubiera ido a buscar a la estación, a pesar del recelo que le provocaba que no la hubiera acompañado su institutriz.
En el carruaje se sentía atrapada entre los cuerpos de los dos hombres. Miraba a Nahuel con un brillo de derrota, el tiempo se les acababa. Tendrían que recurrir a la oscuridad de la Fuente Romana del Pozo Abajo una vez más, al furtivismo y la mentira.
Pero daba igual que fuese amigo de su padre, daba igual poseyera un trabajo digno y una posición respetable, no era adecuado para ella por no ser plenamente del país y por sus venas corriera sangre portuguesa. Se casaría con otra y la olvidaría, tenía que asumirlo, pero iba a correr el riesgo y agotar cada instante. Estaba dispuesta a escapar junto a él, viajar al nuevo mundo y empezar de nuevo.
Nunca pensó que ese fuera su último encuentro camino al pueblo. Nunca supo del motivo de que desapareciera así sin dejar rastro.
Ahora tras haber pasado 114 años su bisnieta rememora ese ultimo recuerdo de él. Ahora entiende porque siempre dijeron que fue una mujer triste.
Exhalación
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