domingo, 9 de diciembre de 2012

En un segundo todo puede cambiar.

Sucedió hace tanto tiempo, que no puede explicarse cómo lo recuerda si apenas tenía cuatro años. Pero lo ha vivido, aunque cuando piensa en ello una niebla espesa nubla lo sucedido ese día. Estaba tan cerca, a tan solo unos 100 metros que es normal que el sonido todavía retumbe en su memoria.
En ese momento ya estaba en casa de sus abuelos que en ese entonces vivían en la misma calle que ella . Su abuelo se disponía a llegar al colegio a su hermana y a ella, cuando el sonido sacudió hasta los cimientos. Su abuelo supo lo que había sucedido, pues la vida enseña lecciones a veces muy amargas. Sacó la cabeza por el balcón cuando todavía volaban trozos de ceniza y metal, para verificar que no era una ilusión. Los gritos de miedo,  dolor y  sorpresa empezaban a sustituir el caos de la explosión. Ambulancias, policías y curiosos inundaron como un tsumani el escenario. Salamanca había vuelto a ser herida mientras sus cicatrices todavía no había sanado tras el ataque tres años antes.
Ahora parece que la calma se ha establecido y la gente al pasar por esa calle no es consciente de lo pasó allí, pero ella a veces si lo es. Su abuelo ya no está con ella cruzando ese paso de peatones, pero recuerda las palabras de él en ese día tan fatídico: "No hay cole, hoy jugaremos a no salir al balcón"

El 11 de noviembre de 1995 el capitán Juan José Aliste se dirigía a su trabajo a las 8:23 horas, cuando una bomba- lapa colocada en su coche explotó en la puerta de cuadrillas de la plaza de toros de La Glorieta.


Exhalación.

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