lunes, 18 de marzo de 2013

Valquiria.

Junto al viento gélido de la noche, los copos de nieve acariciaban su piel. Era un ser de estremecedora pureza y delicada fortaleza ; temida y deseada por cualquier hombre que morara en el planeta .
Con mirada implacable, deambulaba por la tierra en busca de almas a las que salvar. A pesar de caminar solitaria, de observar a la humanidad desde la lejanía no sentía la opresión del vacío en el pecho, ni la soledad de la no compañía  Ella solo estaba allí para cumplir su misión.

Miles de historias y leyendas habían versado sobre ella a lo largo de los tiempo, pero ¿Alguien había sentido realmente su presencia? Muchos dijeron verla, haberla amado y ella haber desaparecido. Otros que sus cabellos rozaron sus mejillas mientras les daba un beso de esperanza.
Pero era cierto, existía y demasiado a menudo se encontraba frente a frente con la muerte, una fina linea les unía, de alguna manera una se pertenecía a la otra, pues ella era la única que podía  calmar a aquellos que debían cruzar las puertas de la vida, les hacía alcanzar la paz y guiarles por el buen camino.

Pero llegó un tiempo en que el horizonte se oscureció, presagiando nada bueno, y una guerra llegó, devastando todo lo que estaba a su alcance.
Ver como se teñía cada partícula de naturaleza con el rojo del odio y el rencor, y tener que guiar hacia el paraíso a seres crueles la devoraba por dentro, pero era lo que tenía que hacer. Su sino en este mundo era ese y así hasta la eternidad. Las guerras había cambiado, cada vez más sangrientas y los hombres de duro corazón más feroces y crueles, y sus armas más destructivas. Cada vez más vidas se iban sin remedio,  bañadas en dolor y maldad, ¿Dónde estaba el limite?.

A finales de una primavera silenciosa, ella caminaba dejando a su paso huellas en la negra nevada que caía desde el cielo tras la explosión de una bomba. Lentamente se iba acercando al último verdadero guerrero que había visto en mucho tiempo.
Allí estaba él enredado en una lucha de dolor, intentando seguir, pero la llama de la vida iba perdiendo intensidad en su interior. Cuando el último aliento ya se escapaba de su boca la vio llegar majestuosa . Ella sabia que si hacía lo que pensaba hacer todo para ella estaría perdido pero estaba demasiado exhausta. Se arrodilló a su lado, acariciándole la cara. El hombre creyendo que era una alucinación se dejó llevar; fue entonces cuando sus labios se juntaron pasándole ella su aliento de vida.

Desde ese día nadie la vio, ni la notó, ni la amó, ni nada. Había roto la regla de las Valquirias y su condena era desaparecer sin dejar rastro.

Pero dicen que la han vuelto a ver...


Exhalación



No hay comentarios:

Publicar un comentario