Hoy llueve, parece que si siguiera así Salamanca perecería
bajo las aguas del desbordado Tormes, como una Atlántida terrestre.
Hoy llueve y vuelvo a recordar. El sonido de la lluvia al
chocar contra los charcos, los charcos pisados por la multitud, y la multitud
llenando el ambiente con sus voces incesantes, me transportan a un pasado tan
poco lejano que todavía puedo acariciar.
El paraguas que nos protegió aquel día ha desaparecido como los sentimientos que tuve por él, en aquellos momentos tan vividos.
El paraguas que nos protegió aquel día ha desaparecido como los sentimientos que tuve por él, en aquellos momentos tan vividos.
¡Oh!, puede sonar terrible, un amor perdido y olvidado,
trágico y desgarrador. Quizás lo fue, pero los ancianos tienen razón, el tiempo
lo cura todo y lo hace llevadero.
Pero hoy llueve,
parece que no va a cesar nunca como aquel día. Un solo paraguas para dos
cuerpos tímidos, que se deseaban pero también temían. La atracción es extraña,
nos hace comportar de la manera más inesperada. Los sentimientos estaban a flor
de piel y las bromas no cabían lugar en la escena. La juventud palpitante nos hacía
escondernos dentro de nuestra guarida, y la inexperiencia nos frenaba las
ansias devoradoras.
¿Amor? ¿Qué es eso? Creo que ninguno de los dos lo sabíamos,
nos dejábamos guiar por las señales del camino como el agua fluye a favor de la
pendiente. La torpeza e inexperiencia fueron los grandes intérpretes. Podría
haber sido una escena sacada de una novela: la lluvia, los amantes y una
confesión inesperada. Pero era la vida tal como es en verdad, fue real a pesar
que a veces quiera creer que solo fue un sueño que se esfumó con el viento del
invierno. A veces me lo imagino desde fuera sin ser yo la verdadera
protagonista de la historia. Me analizo, me disecciono y sé que todo podía
haber ido peor pero no mejor. Soy demasiado romántica para opinar que todo
esfuerzo fue innecesario aquella tarde.
Y a pesar de todo lo que ha sucedido forma parte del pasado.
Da igual la ruptura, las discusiones, el dolor, el llanto, el rechazo, la
inconformidad, el resentimiento… porque ha pasado a formar parte de los
recuerdos de la juventud. Un amor del ayer, roto y desmigajado tiene que
quedarse donde está, no tiene que reavivarse, sería el mayor error que podría
cometer. Aquí no hay cenizas ni brasas que valgan y si hubiera presencia de su
mera existencia mi pie descalzo se apresuraría a apagarlas. Porque esto es así
hay decisiones, actos que no se pueden volver a repetir.
Sé que te gustaría una continuación, pero soy firme en mi
determinación. El cuento se ha acabado y es hora de escribir uno nuevo.
Exhalación
Exhalación
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