sábado, 20 de octubre de 2012

La lluvia de los recuerdos.

Querida Vicky:

Hoy llueve, parece que si siguiera así Salamanca perecería bajo las aguas del desbordado Tormes, como una Atlántida terrestre.

Hoy llueve y vuelvo a recordar. El sonido de la lluvia al chocar contra los charcos, los charcos pisados por la multitud, y la multitud llenando el ambiente con sus voces incesantes, me transportan a un pasado tan poco lejano que todavía puedo acariciar.
El paraguas que nos protegió aquel día ha desaparecido como los sentimientos que tuve por él, en aquellos momentos tan vividos.

¡Oh!, puede sonar terrible, un amor perdido y olvidado, trágico y desgarrador. Quizás lo fue, pero los ancianos tienen razón, el tiempo lo cura todo y lo hace llevadero.

Pero  hoy llueve, parece que no va a cesar nunca como aquel día. Un solo paraguas para dos cuerpos tímidos, que se deseaban pero también temían. La atracción es extraña, nos hace comportar de la manera más inesperada. Los sentimientos estaban a flor de piel y las bromas no cabían lugar en la escena. La juventud palpitante nos hacía escondernos dentro de nuestra guarida, y la inexperiencia nos frenaba las ansias devoradoras.

¿Amor? ¿Qué es eso? Creo que ninguno de los dos lo sabíamos, nos dejábamos guiar por las señales del camino como el agua fluye a favor de la pendiente. La torpeza e inexperiencia fueron los grandes intérpretes. Podría haber sido una escena sacada de una novela: la lluvia, los amantes y una confesión inesperada. Pero era la vida tal como es en verdad, fue real a pesar que a veces quiera creer que solo fue un sueño que se esfumó con el viento del invierno. A veces me lo imagino desde fuera sin ser yo la verdadera protagonista de la historia. Me analizo, me disecciono y sé que todo podía haber ido peor pero no mejor. Soy demasiado romántica para opinar que todo esfuerzo fue innecesario aquella tarde.

Y a pesar de todo lo que ha sucedido forma parte del pasado. Da igual la ruptura, las discusiones, el dolor, el llanto, el rechazo, la inconformidad, el resentimiento… porque ha pasado a formar parte de los recuerdos de la juventud. Un amor del ayer, roto y desmigajado tiene que quedarse donde está, no tiene que reavivarse, sería el mayor error que podría cometer. Aquí no hay cenizas ni brasas que valgan y si hubiera presencia de su mera existencia mi pie descalzo se apresuraría a apagarlas. Porque esto es así hay decisiones, actos que no se pueden volver a repetir.

Sé que te gustaría una continuación, pero soy firme en mi determinación. El cuento se ha acabado y es hora de escribir uno nuevo.

Exhalación

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