jueves, 18 de octubre de 2012

29 de Febrero


Abre el armario de par en par, no sabe que ponerse. Está nerviosa pues es un día demasiado especial para dejar cabos sueltos. Observa su ropa colgada, toda demasiado sombría para una fecha tan señalada.
Prenda tras prenda, una montaña de telas descansa sobre la cama mientras un solo vestido sigue en su percha en un armario ya vacío.
Lo coge, colocándoselo sobre el cuerpo desnudo y se mira. Tiene un cuerpo bonito, sinuoso y pálido que siempre quiere ocultar, pero sabe que con él es imposible. Acaricia el tejido, preguntándose cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que se lo puso y si pasados los años seguirá quedándole igual.
Lo pone en una silla mientras vuelve a organizar el caos que reina sobre su cama. Lo mira de reojo, pues todo lo vivido con él está entretejido entre sus fibras.
Corre hacia el baño, el tiempo se agota y llegará tarde si no se da prisa.
Se seca el pelo, para luego recogérselo en una trenza espigada larga y perfecta. Perfila sus grandes ojos negros, los labios los marca de rojo y las mejillas las colorea rosadas. Observa su reflejo, hacia mucho que no se veía así, como un ser místico sacado de sus cuentos de la infancia. El esfuerzo ha valido la pena.
El teléfono suena, una voz masculina le espeta que ni se le ocurra llegar tarde.
Corre a terminar de vestirse. Desliza las piernas en las medias, aunque odie llevarlas puestas, el frío del exterior no le deja otra opción. Coge el vestido, el cual se acopla a su cuerpo como el primer día. Los zapatos, los pendientes, el collar y lista para bajar al piso de abajo. Corre las puertas de armario del pasillo, cogiendo su antiguo abrigo con capucha de su adolescencia.

En medio del bosque, una gran casa de madera ilumina la vegetación de alrededor. Entrando al salón  una joven vestida completamente de rojo toma protagonismo. La nieve que cae en el exterior brilla en la capucha que protege sus cabezos. Ella busca a una persona, solo a una, los demás le da igual. Se para frente a unos ojos muy parecidos a los suyos, pero cansados por el transcurso de la vida.
-   Hola abuelita, feliz cumpleaños.
-      Tan bella como en mis sueños.- saluda la anciana a su nieta acariciándole la cara.
Se miran fijamente. Ella intenta ocultar a su querida abuela una tristeza, que fuera de su presencia soporta demasiado bien. Pero las dos saben que la pregunta debe ser formulada.
-        ¿Dónde está el lobo?
-        Deseó comerse a otra y se marchó.
Exhalación

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