jueves, 20 de septiembre de 2012

La hora de comer





Nota: Es un texto de hace mucho tiempo escrito el 25 de diciembre de 2008, buscando por carpetas, lo encontré y quise mostrarlo. Tendrá grandes fallos porque no lo he revisado desde entonces. 

Otra vez con mi tortura diaria, la hora de comer es el peor momento del día. Ya que cada momento de mi vida es una mierda, este es el peor.
Aborrezco estar obligada a permanecer ahí, delante de miles de calorías, esperando a entrar en mi cuerpo y pudrirme.
El olor me asquea, es realmente vomitivo. La zorra de la enfermera está loca si piensa que me voy a meter al cuerpo tal porquería, para que me convierta más aun es una mierda de vaca humana, de la que pasan de ella por estar inmensamente gorda.
El mundo se ha emperrado de que debo estar encerrada en este horrible lugar, cada segundo de mi vida como si hubiera cometido el más grave de los delitos y fuera necesario la peor tortura que existiera por todos las infracciones realizadas. Además, debo de soportar a mis carceleros, esas putas médicas, psiquiatras y enfermeras estiradas que se creen mejor que yo.
Que se coman ellas esta bazofia, pero que no me obliguen a meterme a la boca esta mierda asquerosa que reposa en la mesa. Les da igual mantenerme retenida frente al plano, como si no tuviera nada mejor que hacer. Todas ellas se creen las dueñas de mi vida y de todas a las que nos han encerrado aquí, vigilando nuestros movimientos, nuestras miradas, nuestras personalidades...
Las odio, odio este puto lugar lleno de chiflados, el olor a rancio y enfermo.
Odio la báscula, la comida, el espejo, mi reflejo... Me odio a mi misma, por ser como soy, por lo que soy, todo mi imperfecto cuerpo el cual deseo abandonar. Odio todo y cada una de las cosas que me rodea. Odio mi vida.

Exhalación

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