sábado, 29 de septiembre de 2012

El que no tiene nombre, no necesita presentación


Él es hermoso de la única manera en que se mire, aunque quiera eludir y mentir a los demás. Él está ahí tan presente y ausente, tan pegado a mi persona que no puedo separarlo de  mi lado.

Su recuerdo me lacera, me corroe con velocidad extrema. Pretendo dejarle atrás, pero cada vez es más difícil como si un hilo invisible nos uniera sin remedio.

No le quiero, ni quiero quererle, no presento entregar al diablo esa vida que tanto valoro aunque en sus brazos de manera momentánea el ardor de su contacto sea reconfortante y placentero. Sin embargo su pecado se pega a cada poro, sucio e indeseable.

Él no me deja libertad, me aprisiona; sus ojos, una cárcel carnal me atan, absorben mi esencia. En ellos sigue viva aquella que calló en sus redes ni una ni dos veces… Tanto tiempo ha pasado y sigo, porque sigo llevando las cadenas del pasado. Pesan cada vez más.

Le veo corriendo a mi encuentro y no puedo moverme. Me va a devorar, me va a despojar de todo lo que soy, desnuda frente al frío mundo es como me quiere ver.
No tiene compasión, no me odia, pero disfruta con el terror reflejado en mi rostro. Sabe que aborrezco sus caricias, cualquier contacto vacío y voraz; y aun así sigue haciéndolo furtivamente para que nadie lo vea, pues su pose de buen hombre oculta la maldad de su verdadero ser.

Y ahí sigo yo y sigue él, en una encrucijada infinita de ataques constantes. Destinados a encontrarnos, aunque yo no quiera y él lo desee. La cacería de una presa escurridiza y un cazador morboso que no se vislumbra el final.

Exhalación

No hay comentarios:

Publicar un comentario