sábado, 21 de julio de 2012

Despertar


Las sabanas recalentadas no paraban de enredarse en la piel, acalorando el cuerpo, incitando al insomnio. Fly intenta no moverse para no despertar a “su” hombre durmiente, sumergido en un apacible sueño ausente del bochorno que ataca al resto del mundo. Se incorpora, lo mira y piensa. Sabe que sin la presión familiar no seguiría a su lado, el tiempo lo ha confirmado, y aun así no ha conseguido dejarlo. A su lado no es ella misma, su nombre no corresponde a como se siente: con él todo son cadenas alrededor de sus miembros limitando los movimientos, las ganas de vivir marquitan como las flores bajo el sol de agosto.
Se desliza entre las enmarañadas sábanas saliendo de esa cama que tanto odia; siente que no puede respirar, debe salir de allí.
En el pasillo un viento fresco acaricia las gotas de sudor de la nuca. Camina descalza  sin hacer ruido, intentando que ni los muertos despierten. Pero ya en ese piso hay alguien levantado, o mejor dicho todavía no se ha acostado pues la está esperando. Sus encuentros furtivos siempre empiezan así.
Se observan sin cruzar palabra, no sirven en su situación solo el silencio los puede comprender. Apartando la mirada para no tropezar se sienta junto a él en el sofá. Eleva el brazo, rozando el rostro con la mano, preguntándose por qué no es él quien dormía esa noche a su lado. Se acercan poco a poco, explotando en un beso voraz, un beso hambriento, insaciable; un beso de desesperación y entrega. Una y otra vez sus labios colisionan bebiendo uno del otro hasta acabar sin aliento.
La pasión se disipa al escuchar un pequeño estruendo en el mutismo sepulcral de la noche. Ella se levanta, es hora de volver a la cárcel separándose de sus alas, pero él no va a permitir que eso siga así, no más tiempo para contemplaciones y reflexiones. Es la hora de actuar, de estrecharla entre los brazos sin importar nada más que ellos dos.
         -Resistiremos un poco más.- le susurra ella al oído, sabiendo que no está de acuerdo ni uno ni otro.

En la inflamabilidad del amanecer, los cuerpos despiertan. En la inmensidad de un cuarto bañado por los primeros rayos solares se despereza un hombre abandonado. Junto a su almohada una nota de despedida. No había lágrimas difuminando la tinta, ni palabras vacilantes. Sentía que un día pasaría y cuando había llegado el momento todavía no estaba preparado para ello.

Exhalación

No hay comentarios:

Publicar un comentario