Las sabanas recalentadas no paraban de enredarse en la piel,
acalorando el cuerpo, incitando al insomnio. Fly intenta no moverse para no
despertar a “su” hombre durmiente, sumergido en un apacible sueño ausente del
bochorno que ataca al resto del mundo. Se incorpora, lo mira y piensa. Sabe
que sin la presión familiar no seguiría a su lado, el tiempo lo ha confirmado,
y aun así no ha conseguido dejarlo. A su lado no es ella misma, su nombre no
corresponde a como se siente: con él todo son cadenas alrededor de sus miembros
limitando los movimientos, las ganas de vivir marquitan como las flores bajo el
sol de agosto.
Se desliza entre las enmarañadas sábanas saliendo de esa
cama que tanto odia; siente que no puede respirar, debe salir de allí.
En el pasillo un viento fresco acaricia las gotas de sudor de la nuca. Camina descalza sin hacer ruido, intentando que ni los muertos despierten. Pero ya en ese piso hay alguien levantado, o mejor dicho todavía no se ha acostado pues la está esperando. Sus encuentros furtivos siempre empiezan así.
En el pasillo un viento fresco acaricia las gotas de sudor de la nuca. Camina descalza sin hacer ruido, intentando que ni los muertos despierten. Pero ya en ese piso hay alguien levantado, o mejor dicho todavía no se ha acostado pues la está esperando. Sus encuentros furtivos siempre empiezan así.
Se observan sin cruzar palabra, no sirven en su situación
solo el silencio los puede comprender. Apartando la mirada para no tropezar se
sienta junto a él en el sofá. Eleva el brazo, rozando el rostro con la mano,
preguntándose por qué no es él quien dormía esa noche a su lado. Se acercan
poco a poco, explotando en un beso voraz, un beso hambriento, insaciable; un
beso de desesperación y entrega. Una y otra vez sus labios colisionan bebiendo
uno del otro hasta acabar sin aliento.
La pasión se disipa al escuchar un pequeño estruendo en el
mutismo sepulcral de la noche. Ella se levanta, es hora de volver a la cárcel
separándose de sus alas, pero él no va a permitir que eso siga así, no más
tiempo para contemplaciones y reflexiones. Es la hora de actuar, de estrecharla
entre los brazos sin importar nada más que ellos dos.
-Resistiremos
un poco más.- le susurra ella al oído, sabiendo que no está de acuerdo ni uno
ni otro.
En la inflamabilidad del amanecer, los cuerpos despiertan.
En la inmensidad de un cuarto bañado por los primeros rayos solares se
despereza un hombre abandonado. Junto a su almohada una nota de despedida. No había
lágrimas difuminando la tinta, ni palabras vacilantes. Sentía que un día
pasaría y cuando había llegado el momento todavía no estaba preparado para
ello.
Exhalación
Exhalación
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